En algunos países como combaten la rebeldía juvenil..

El centro Politécnico Amigó imparte cursos de barbería, ensamblaje y reparación de computadoras, electricidad y data entry, entre otros. “Esos jóvenes dejaron de ser importantes para la sociedad”, dice el padre Emilio Osorio Carmona mientras reflexiona sobre los estudiantes que han abandonado la escuela. Se trata de 1,833 alumnos durante el año académico de 2008-2009, menos que los 2,459 del periodo 2007-2008, según datos del Departamento de Educación de Puerto Rico. Pero él conoce el drama detrás de esas estadísticas. Es el director ejecutivo del Politécnico Amigó, una corporación sin fines de lucro que desde 1999 ofrece un programa académico y vocacional para jóvenes varones entre los 15 y 21 años de edad que han abandonado la escuela o están en alto riesgo de hacerlo. Sigue analizando este problema social al indicar “que es una juventud maravillosa que se está perdiendo en el alcohol, en la violencia; no hay metas, entonces, el joven está sin un norte”. Así eran Jacob Ortiz y Sameir Khader, ambos de 17 años. “(Yo era) ignorante. Cortaba (clases), faltaba el respeto, no me importaba na’… No sabía qué hacer en la vida, quién era yo”, recuerda Khader, un chico del barrio Guaraguao en Guaynabo. Era rebelde y problemático. Había fracasado el grado 11. Pero su forma de pensar se transformó. “Aquí entré y vi que era una persona inteligente, con capacidad, que podía lograr algo, algo que el Sameir de antes no podía, pero ahora sé que el Sameir que está aquí es alguien que va a echar para alante”, expresa el joven, quien al principio rehusó entrar a la institución fundada por los Religiosos Terciarios Capuchinos, conocidos como Amigonianos. Allí, la enseñanza de las materias primarias, como español y matemáticas, y la obtención de licencias vocacionales -luego de los cursos y prácticas de barbería, ensamblaje y reparación de computadoras, electricidad, data entry y entrenamiento para ser técnico de aplicaciones en el campo de la informática- son sólo uno de los objetivos educativos de la institución. A través de lo que llaman el Sistema Psicopedagógico Amigoniano, esta institución acreditada por el Consejo General de Educación ofrece atención personalizada para otras áreas del desarrollo: autoconocimiento, relaciones interpersonales, espiritual, moral y toma de decisiones. Algunos de ellos han sido vulnerables a sustancias psicoadictivas y han sido expuestos a drogas, alcohol, tabaco y armas. También, sufren de baja autoestima, desprotección y dificultad para expresar emociones, entre otras situaciones. Por ello, el director de la institución, desde hace diez años, destaca que una de las metas del grupo de trabajo es que los estudiantes “sepan que son parte de una sociedad que los necesita, como ellos necesitan la sociedad para superarse… No hay muchachos perdidos, hay muchachos que necesitan asistencia, amor y dignidad”. El politécnico se creó para suplir las necesidades de los participantes de la Casa de Niños Manuel Fernández Juncos, una institución sin fines de lucro que ubica al lado de ellos en Miramar y que está dedicada a atender varones entre las edades de 8 a 18 años de edad tras haber sido removidos de hogares por problemas de maltrato. Al presente, el Politécnico ha atendido a 1,350 jóvenes de la Casa de Niños Manuel Fernández Juncos y aquéllos referidos por familias, el Tribunal de Menores, Educación, Familia y organizaciones de ayuda social. Estos jóvenes han entrado al mercado laboral o continuado estudios universitarios. Actualmente, la matrícula es de 65. “Aquí, los que han sufrido en un pasado, vienen a realizar sus sueños”, expresa Jacob Ortiz de Buena Vista, Bayamón, quien enfrentó problemas con personal escolar que imposibilitaron su permanencia en la escuela. Tanto él como Khader son candidatos a graduación en diciembre y saldrán con licencias para el ensamblaje y reparación de computadoras, así como el grado de cuarto año de escuela superior. Ahora, el rebelde que solía ser Khader es sólo parte de un pasado al que no quiere regresar. “Muchos dicen ‘no me gusta la escuela’, la detestan, y yo sé por qué, yo pasé por eso. Lo que ellos no saben es que cuando lleguen a una adultez van a querer darle para atrás al tiempo y volver a estudiar, porque pa’ tú tener una vida buena es a base de los estudios”, expresa Khader. El Politécnico subsiste con fondos privados, federales y una asignación legislativa, aunque la ayuda de voluntarios para tareas de mantenimiento y tutorías es bien recibida.

Alonso Manrique

Colaborador

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